Lo
dijo el Inspector Caltzontzin en la célebre película del mismo título: “si
siguen así, pronto van a retirar al pueblo a la
vida privada”. En efecto, en México el proceso de privatización de lo
que se conoce como “la cosa pública” sigue su curso sin mayores sobresaltos. Es
el sello del modelo neoliberal de acumulación de capital, implantado desde
principios de los años 80´s y que, tal parece, no acaba de agotarse para dar
paso a una reorientación económica distinta. Por el contrario, día con día se
sigue despojando a la nación de sus riquezas materiales, y ya metidos en gastos
hasta espirituales.
Paul Krugman, premio nobel de economía
2008, ha sido más que claro en una declaración vertida ante empresarios
mexicanos, recientemente: “la gente se cansó de esperar el milagro mexicano”,
aludiendo a una incapacidad crónica de
nuestra economía para crecer a tasas aceptables durante esos más de 30
años en que se liberalizó el mercado y se orientó la producción al exterior,
ironizando sobre las causas que pudieron llevar a esa incapacidad
gubernamental: “sólo Dios sabe”.
No hay necesidad de ir tan lejos o tan
arriba para aventurar el porqué de ese rezago estructural de nuestra economía
nacional. Sabido es que ese modelo de acumulación de capital, orientado al
exterior, fue impuesto por las políticas especulativas y depredadoras de los
grandes corporativos trasnacionales como el Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial, en una época en la que el modelo expansionista y de
re-estructuración internacional del capital estaba encontrando fuertes
limitaciones, allá por mediados de los años setenta.
Como nuestros gobiernos suelen ser “más
papistas que el Papa”, la presión para que se fuera transitando a un régimen
económico anclado en la privatización de los bienes y empresas del Estado
mexicano se alcanzó sin mayores problemas a partir del régimen de Miguel de la
Madrid y llegó a su punto culminante con el sexenio de Carlos Salinas, cuyo
gobierno suscribió el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá
para abrir más el comercio de bienes y servicios con esas poderosas economías,
pero de manera asimétrica y desventajosa para nosotros.
Luego, con los sucesivos gobiernos de
priístas y panistas, el proceso de privatización se ha venido acelerando,
llegando al punto actual en el que las famosas reformas estructurales han
tocado bienes que se consideraban el último reducto de nuestra soberanía, como
en el caso del petróleo. Sin embargo, el actual gobierno federal “en el pecado
ha llevado la penitencia” porque apostó a reactivar el crecimiento económico a
partir de las grandes inversiones extranjeras que en materia de hidrocarburos
se esperaba que se sucedieran en el corto plazo, sin considerar que los
vaivenes en el precio internacional del petróleo tendrían un impacto negativo
inesperado que ha propiciado recortes severos en el gasto público.
De todos modos, la naturaleza del actual
modelo económico prescribe que debe seguir adelante la privatización de lo que
queda del patrimonio nacional y así, no es de extrañar que, por ejemplo, en un
video que circula profusamente en internet, a una chica que se pone a la sombra
de una palmera en una playa mexicana se le detenga de inmediato por la fuerza
pública, porque dizque se trata de un bien privado. A ese paso, no quedará más
que asolearse en la azotea de tu casa.
Pues bien, ahora sigue la privatización
del agua, la limitación de ese recurso vital a un consumo mínimo personal de 50
litros diarios, volumen que ni siquiera en el plano internacional se acepta
porque atenta contra un derecho humano esencial, tal y como se ha planteado en
una iniciativa del gobierno federal que, por lo pronto, se ha detenido en la
Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, gracias a la presión de amplios
sectores de la sociedad que se oponen a ese nuevo atraco.
Empero, esa iniciativa es previsible que
siga su curso en las próximas semanas, toda vez que se trata de crear las
condiciones para la extracción de hidrocarburos a través del método conocido
como “fracking” o fracturación hidráulica y que requiere de grandes volúmenes
de inyección de agua, así como para hacer grandes negocios con la prestación
del servicio por parte de inmobiliarios y otro tipo de empresarios venales que
han puesto el ojo en la explotación comercial del vital líquido para fines
estrictamente de lucro personal. Por tanto, un atraco más a la sociedad
mexicana se va dibujando en el horizonte y es previsible una nueva disputa por
la nación en un futuro no muy lejano, porque si ya van hasta por el agua, pues…
¿ya que otra cosa resta esperar de quienes dicen cuidar los intereses de la
población?
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