martes, 31 de marzo de 2015

Un atraco más

Lo dijo el Inspector Caltzontzin en la célebre película del mismo título: “si siguen así, pronto van a retirar al pueblo a la  vida privada”. En efecto, en México el proceso de privatización de lo que se conoce como “la cosa pública” sigue su curso sin mayores sobresaltos. Es el sello del modelo neoliberal de acumulación de capital, implantado desde principios de los años 80´s y que, tal parece, no acaba de agotarse para dar paso a una reorientación económica distinta. Por el contrario, día con día se sigue despojando a la nación de sus riquezas materiales, y ya metidos en gastos hasta espirituales.


     Paul Krugman, premio nobel de economía 2008, ha sido más que claro en una declaración vertida ante empresarios mexicanos, recientemente: “la gente se cansó de esperar el milagro mexicano”, aludiendo a una incapacidad crónica de  nuestra economía para crecer a tasas aceptables durante esos más de 30 años en que se liberalizó el mercado y se orientó la producción al exterior, ironizando sobre las causas que pudieron llevar a esa incapacidad gubernamental: “sólo Dios sabe”.


     No hay necesidad de ir tan lejos o tan arriba para aventurar el porqué de ese rezago estructural de nuestra economía nacional. Sabido es que ese modelo de acumulación de capital, orientado al exterior, fue impuesto por las políticas especulativas y depredadoras de los grandes corporativos trasnacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en una época en la que el modelo expansionista y de re-estructuración internacional del capital estaba encontrando fuertes limitaciones, allá por mediados de los años setenta.


     Como nuestros gobiernos suelen ser “más papistas que el Papa”, la presión para que se fuera transitando a un régimen económico anclado en la privatización de los bienes y empresas del Estado mexicano se alcanzó sin mayores problemas a partir del régimen de Miguel de la Madrid y llegó a su punto culminante con el sexenio de Carlos Salinas, cuyo gobierno suscribió el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá para abrir más el comercio de bienes y servicios con esas poderosas economías, pero de manera asimétrica y desventajosa para nosotros.


     Luego, con los sucesivos gobiernos de priístas y panistas, el proceso de privatización se ha venido acelerando, llegando al punto actual en el que las famosas reformas estructurales han tocado bienes que se consideraban el último reducto de nuestra soberanía, como en el caso del petróleo. Sin embargo, el actual gobierno federal “en el pecado ha llevado la penitencia” porque apostó a reactivar el crecimiento económico a partir de las grandes inversiones extranjeras que en materia de hidrocarburos se esperaba que se sucedieran en el corto plazo, sin considerar que los vaivenes en el precio internacional del petróleo tendrían un impacto negativo inesperado que ha propiciado recortes severos en el gasto público.


     De todos modos, la naturaleza del actual modelo económico prescribe que debe seguir adelante la privatización de lo que queda del patrimonio nacional y así, no es de extrañar que, por ejemplo, en un video que circula profusamente en internet, a una chica que se pone a la sombra de una palmera en una playa mexicana se le detenga de inmediato por la fuerza pública, porque dizque se trata de un bien privado. A ese paso, no quedará más que asolearse en la azotea de tu casa.


     Pues bien, ahora sigue la privatización del agua, la limitación de ese recurso vital a un consumo mínimo personal de 50 litros diarios, volumen que ni siquiera en el plano internacional se acepta porque atenta contra un derecho humano esencial, tal y como se ha planteado en una iniciativa del gobierno federal que, por lo pronto, se ha detenido en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, gracias a la presión de amplios sectores de la sociedad que se oponen a ese nuevo atraco.


      Empero, esa iniciativa es previsible que siga su curso en las próximas semanas, toda vez que se trata de crear las condiciones para la extracción de hidrocarburos a través del método conocido como “fracking” o fracturación hidráulica y que requiere de grandes volúmenes de inyección de agua, así como para hacer grandes negocios con la prestación del servicio por parte de inmobiliarios y otro tipo de empresarios venales que han puesto el ojo en la explotación comercial del vital líquido para fines estrictamente de lucro personal. Por tanto, un atraco más a la sociedad mexicana se va dibujando en el horizonte y es previsible una nueva disputa por la nación en un futuro no muy lejano, porque si ya van hasta por el agua, pues… ¿ya que otra cosa resta esperar de quienes dicen cuidar los intereses de la población?



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