martes, 19 de agosto de 2014

Proceso panista

Hace algunas semanas me comentaba (cual gozosa consigna placera) un conspicuo militante panista: “si Zapata (Alejandro) contendiera, qué friega (a los demás aspirantes de su partido a la gubernatura) les pusiera”, en alusión a que, indudablemente, Alejandro se perfilaba como el más viable candidato panista a gobernador, gracias a su cercana relación con el dirigente Madero (el otro), además de que la famosa convocatoria que hiciera éste personaje, para leerles la cartilla a los demás aspirantes, había dejado en claro que por allí andaba “la tenebra” y tenían que “disciplinarse” al método “pro-impuesto” por el CEN panista para allanarle el camino a Zapata. Recuérdese como Octavio Pedroza hasta se manifestó “extrañado” (por no decir que harto “encabritado”) por ese método consistente en la realización de una encuesta abierta, seguida de una elección interna entre los dos aspirantes mejor posicionados en el resultado de la misma.

Ahora las cosas han cambiado sobremanera, luego de la difusión del “video-escándalo” de los diputados federales panistas, donde aparece Zapata, en su calidad de “enlace” del CEN del PAN con las fracciones parlamentarias de su partido en ambas cámaras federales, de tal suerte que ya hasta la ruta del método de marras se ha replanteado, quedando en la posibilidad de que sólo se aplique la encuesta y no haya necesidad de una contienda interna. No podía ser de otra forma, luego de ese argüende, y tal parece que Madero sólo tendría de dos sopas: o impone una candidatura que perciben dentro del propio PAN como altamente “vulnerable”, o abre el juego a ver quién de los demás suspirantes “come más pinole”. Es previsible que Zapata pague el desaguisado con una merma de sus preferencias en la encuesta que sea aplicada, aunque tampoco se percibe que algún otro de los aspirantes pueda captar un repunte espectacular de las simpatías que pierda Alejandro, tal vez con excepción de Octavio por su misma condición de haberse “rebelado” antes a la pretendida pro-imposición maderista.

Según Pedroza, luego de ser convocados por Madero, cinco personajes panistas se auto-destaparon como aspirantes a la candidatura a gobernador y, de último momento, se sumó a la lista Xavier Azuara, a quien ubicaban como más viable candidato a la alcaldía de la capital. Para el senador Pedroza parecía actualizarse, entonces, el dicho popular que reza: “entre menos burros más olotes”, por lo que le pareció un exceso de “apuntados” para ese “boleto”. Como para que no quedara duda que se abría la baraja, se agregó un aspirante más, en la persona de Ramón Zamanillo; empero, el método, hasta entonces “pro-impuesto”, en eso que Pedroza denominó como “la mesa de las verdades”, se mantenía como lo que más molestaba al senador panista porque parecía que, a medida que se desgranaba la mazorca, más bien esa mesa se presentaba como de “verdades a medias”.

Para acabar de medio enrarecer ese ambiente previo a la bomba que les estallaría con el video-escándalo, un grupo de panistas apareció de pronto pronunciándose por Azuara como candidato “idóneo” para la alcaldía de la capital, antes que considerarlo para la gubernatura. Xavier no ha ocultado sus intenciones de meter cuña en el proceso, promoviéndose incluso con espectaculares  y alardeando (también, cual gozosa consigna placera), que “es un honor ser el candidato del contador”, en referencia a la relación que tiene con Marcelo de los Santos que, a su vez, no ha tenido empacho en señalar que Xavier es su “gallo” para candidato a gobernador y esa reciprocidad, por lo menos, muestra que hay lealtad entre ambos personajes. Sin embargo, la implicancia política de un eventual padrinazgo marcelista en las aspiraciones de Azuara no puede desconocerse, porque ya ha metido su respectiva dosis de ruido en el proceso panista. Se dice que don Marce fue convocado a esa famosa “mesa de las verdades… a medias”, únicamente para confirmar que él ya no podía ser candidato a algo y optó por plantear la opción de Azuara, por lo menos para ejercer el “derecho al pataleo” o mostrarles que sigue siendo factor de influencia dentro del PAN en el plano local.

Las razones de ese empecinamiento marcelista serían de dos clases: una de índole subjetiva y que se remonta al pleito que viene arrastrando con Zapata; y la otra, más objetiva porque, en efecto, su “delfín” Azuara ha logrado colocarse como una suerte de “comodín” para disputar, por lo menos, la alcaldía capitalina, bastión tradicionalmente panista y que, ciertamente, tienen amplias posibilidades de recuperar. Pero después del “lunes negro”, las coordenadas del proceso panista se han reorientado y todo indica que la encuesta que se hará en los próximos días, servirá para que el CEN panista asuma directamente la definición del candidato a gobernador, sin el desgaste de una contienda interna en la que podrían salir a relucir los agravios acumulados entre los aspirantes, o bien, las “cuitas” de los excesos y desenfrenos que han tocado a no pocos personajes de ese partido, así sea… “sin querer queriendo”. 


martes, 12 de agosto de 2014

¿Victoria cultural?

El PAN se ha caracterizado, históricamente, como un partido en el que se apela a un doctrinarismo abstracto para inflamar el discurso redentorista de sus dirigentes. La búsqueda de una “patria ordenada y generosa” ha pasado, entonces, por temas como la “economía humana”, “la brega de eternidad” y otros más que, vueltos retórica político-electoral, devienen frases que pretenden referirse a una condición ideal de las personas en su individualidad, como principio para alcanzar el bien colectivo, el “bien común”. Bajo esta premisa es posible entender, más no justificar, la reciente postura de ese partido con respecto a la aprobación del paquete de reformas en materia energética, que ahora definen y cacarean como una “victoria cultural”.

En efecto, si por cultura pro-panista se entiende, entre otras cosas, la orientación de un gobierno “por empresarios” y “para empresarios”, fincado en el papel preponderante de la iniciativa privada por sobre la gestión del Estado, sobre todo en materia de política económica, habría que conceder que se trata de una victoria cultural… para ellos, en tanto que representantes de la “derecha”. Sin embargo, esa victoria que festinan no puede generalizarse al resto de la sociedad mexicana ya que, culturalmente hablando, más bien se asiste a la derrota del último resquicio de autonomía, aunque relativa, de que gozaba el Estado mexicano como representante de los intereses de la nación, cuando se le podía identificar, incluso, como “el poder de disponer de la economía”, en la célebre frase de don Pablo González Casanova.

Tan engolosinado anda el PAN con su “victoria cultural”, que ya hasta pretende apropiarse de una de las banderas propias de la izquierda, esto es, de la reivindicación del salario como remuneración mínima para proveer a la manutención digna del trabajador y su prole, así como para su reproducción como fuerza de trabajo, por supuesto. Para tal efecto, el PAN promueve una consulta pública sobre la necesidad de incrementar el monto de ese ingreso que, ciertamente, se ha deteriorado gravemente en su poder adquisitivo en los últimos sexenios de gobiernos priístas y… panistas. Curioso, pues, que el partido tradicionalmente ligado al sector patronal, ande ahora promoviendo que se le pregunte al pueblo si considera que se requiere más ingreso para subsistir. Claro que del dicho al hecho… median elecciones.

Por supuesto que los panistas saben que bajo las leyes del mercado, que no son otras que las diversas camisas de fuerza que impone el poder del capital para mantener su tasa de ganancia, no es posible incrementar por decreto el salario real de los trabajadores porque iría contra su propia lógica de acumulación y dominación económica. Ya antes nos hemos referido aquí a un texto célebre de Marx (consignado en el Tomo I de “El Capital”), ese viejo lobo de ídem que sigue siendo indispensable consultar cuando de la descripción del movimiento del capital se trata: “Pero todos los métodos para la producción del plus-valor son, a la vez, métodos de la acumulación, y toda expansión de ésta se convierte, a su vez, en medio para el desarrollo de aquéllos métodos. De esto se sigue que: a medida que se acumula el capital, empeora la situación del obrero, sea cual fuere su remuneración (…) La acumulación de riqueza en un polo es, al propio tiempo, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto, esto es, donde se halla la clase que produce su propio producto como capital…”.

Sea cual fuere su remuneración, el meollo del asunto está en la apropiación del plus-producto del trabajo por un sistema económico de explotación cada vez más salvaje, al extremo de considerar la fuerza laboral como cosa, como mercancía que se puede comprar o vender en ese mercado dizque “libre”, cuyas leyes -como esas de “la oferta y la demanda”, “ley de población”, entre otras- imponen condiciones para que capital y trabajo aparezcan hasta como “equivalentes”, bajo una ficción en la que el salario sería, precisamente, el valor de la fuerza de trabajo, pero que, ya se sabe, sin contemplar el denominado trabajo impago o plus-producto del trabajo que se apropia el capital. Por tanto, eso de consultar a la gente para que diga si conviene incrementar el salario mínimo en su expresión nominal o de mera ficción, no pasa de ser, como diría don Fidel Briano, una “gran mamarrachada”.


Pero bueno, las ocurrencias de panistas que confunden la gimnasia con la magnesia no son nuevas; baste recordar a Chente Fox, el locuaz ex-presidente que hasta se decía de “izquierda” y vendía esa idea como coca-cola a los panistas que quisieran escucharle, como cuando aquí Jorge Lozano también decía que el PAN era ya un partido de izquierda. En fin, si ya “ganaron culturalmente” (lo que eso signifique)… pues que “con su PAN se lo coman”.

martes, 5 de agosto de 2014

Populismo

La derogación del impuesto sobre tenencia vehicular, anunciada con bombo y platillo por el Gobierno del Estado potosino, tiene un inevitable tufo a eso que se ha vuelto lugar común denominar como “populismo”; esto es, una medida política encaminada a ganar el aplauso ciego del “pueblo” por considerarla de beneficio común. En este caso, apenas hace algunos meses que este mismo gobierno se aferraba a mantener el gravamen y hasta se vivieron momentos jocosos con las posturas de algunos diputados locales que defendieron, como “gatos boca arriba”, la línea dictada por el jefe del poder ejecutivo; baste con citar el caso del diputado Crisógono Sánchez Lara, famoso por “recular” en tribuna del compromiso que había asumido de no aprobar ese impuesto para este 2014. Ahora se anuncia que el impuesto se va en 2015, precisamente el año que tendremos elecciones, y los aplaudidores de ayer (en favor de aprobar el gravamen) son los aplaudidores de hoy (en favor de la derogación del impuesto). En fin, aplaudir hasta la ignominia no es nada nuevo, todo sea “en beneficio del pueblo”.

Esa referencia amplia al pueblo, para justificar la imposición de una medida gubernamental, ha derivado en llamar “populismo” a distintos tipos de acción política, así sea que se termine por desfigurar un concepto que tiene una connotación precisa (una lógica específica de lo político o “razón populista”, según Laclau) para explicar una estrategia de acumulación de capital que descansa en la eventual concesión de cierto incremento en la capacidad de consumo y/o ingreso de un sector de la población, históricamente jodido, para integrarlo a una política (generalmente adjetivada como de “unidad nacional”) más amplia que permite al propio capital -y sus personeros- la salvaguarda de sus intereses, sobre todo económicos.

Cuando la concesión se hace a quienes no necesariamente están tan jodidos, entonces se habla hasta de un “populismo de élite” o de derecha, como cuando se trata de los rescates financieros de grandes personeros del capital, como el caso de los “pobrecitos” banqueros que fueron alivianados con el “Fobaproa” para que sortearan la crisis de 1995. Esa oscilación entre clases sociales o fracciones de clase, según convenga a los intereses de los personeros del Estado para afianzarse en el poder o quedar bien con los “poderes fácticos”, se hace siempre en nombre del “pueblo”.

Estamos ya en temporada electorera y cualquier acción que despliegue quien aspira a un cargo de elección popular, tendrá inevitablemente que referirse al pueblo como sujeto a interpelar en ese discurso o retórica de que hace gala nuestra clase política. Volviendo al asunto del anuncio gubernamental de no cobrar más la tenencia vehicular, no habría de qué sorprenderse por una medida como esa, luego de que se han prendido “focos rojos” en el partido gobernante en la entidad potosina y hay que buscar convencer al electorado de que no hay razón (populista) para eso.

Evidentemente, aunque la medida es bienvenida, nada garantiza un voto de agradecimiento, pero el esfuerzo se hace, por lo menos para que no se diga que en el PRI no se reconoce -y se hace caso- a la “vox populi”, sobre todo cuando hay otros aspirantes a la candidatura a gobernador, por parte del mismo PRI, que parecen más interesados en irritar al “pueblo”, como cuando se proponen medidas como las “foto infracciones”, que ya se aprecian más como de mera recaudación y no para beneficio de toda la población. (Aquí el problema, más bien, ha sido el pésimo discurso -populista- para vender una idea en momentos -electorales- y circunstancias -vialidades deterioradas-  desfavorables, tal vez por eso la reciente salida del vocero del ayuntamiento capitalino). 

Con todo, tal parece que más vale ser tildado de “populista” que de miserable en el uso de los recursos públicos. Nuestra cultura política está saturada de ese tipo de apreciaciones y, sobre todo en época electoral, siempre es de esperarse que la clase política se muestre obsequiosa y dispendiosa hasta el hartazgo; es parte de la estrategia de “aceitar la maquinaria electorera”, de ganar o recuperar la “confianza” en los eventuales votantes. Pero, insistimos, eso no garantiza que la gente vote con agradecimiento por los bienes y favores recibidos, precisamente porque también se ha desarrollado una lógica de la acción populista de parte de la propia población, que puede, incluso, ser contra-producente a los intereses de quienes pretenden comprar conciencias.

El punto, como todo en la vida, tiene que ver con equilibrios y el pueblo podrá distinguir, si quiere (porque este es otro asunto adicional), entre quienes ofrecen hasta “las perlas de la Virgen” y quienes no son tan pródigos ni para invitar un café. Así las cosas, hay que ver qué otras medidas de beneficio social para el 2015 se empiezan a desgranar por estos días, el voto del pueblo lo vale.