La derogación del impuesto
sobre tenencia vehicular, anunciada con bombo y platillo por el Gobierno del
Estado potosino, tiene un inevitable tufo a eso que se ha vuelto lugar común
denominar como “populismo”; esto es, una medida política encaminada a ganar el
aplauso ciego del “pueblo” por considerarla de beneficio común. En este caso,
apenas hace algunos meses que este mismo gobierno se aferraba a mantener el
gravamen y hasta se vivieron momentos jocosos con las posturas de algunos
diputados locales que defendieron, como “gatos boca arriba”, la línea dictada
por el jefe del poder ejecutivo; baste con citar el caso del diputado Crisógono
Sánchez Lara, famoso por “recular” en tribuna del compromiso que había asumido
de no aprobar ese impuesto para este 2014. Ahora se anuncia que el impuesto se
va en 2015, precisamente el año que tendremos elecciones, y los aplaudidores de
ayer (en favor de aprobar el gravamen) son los aplaudidores de hoy (en favor de
la derogación del impuesto). En fin, aplaudir hasta la ignominia no es nada
nuevo, todo sea “en beneficio del pueblo”.
Esa referencia amplia al
pueblo, para justificar la imposición de una medida gubernamental, ha derivado
en llamar “populismo” a distintos tipos de acción política, así sea que se
termine por desfigurar un concepto que tiene una connotación precisa (una
lógica específica de lo político o “razón populista”, según Laclau) para
explicar una estrategia de acumulación de capital que descansa en la eventual
concesión de cierto incremento en la capacidad de consumo y/o ingreso de un
sector de la población, históricamente jodido, para integrarlo a una política
(generalmente adjetivada como de “unidad nacional”) más amplia que permite al
propio capital -y sus personeros- la salvaguarda de sus intereses, sobre todo
económicos.
Cuando la concesión se hace
a quienes no necesariamente están tan jodidos, entonces se habla hasta de un
“populismo de élite” o de derecha, como cuando se trata de los rescates
financieros de grandes personeros del capital, como el caso de los “pobrecitos”
banqueros que fueron alivianados con el “Fobaproa” para que sortearan la crisis
de 1995. Esa oscilación entre clases sociales o fracciones de clase, según
convenga a los intereses de los personeros del Estado para afianzarse en el poder
o quedar bien con los “poderes fácticos”, se hace siempre en nombre del
“pueblo”.
Estamos ya en temporada
electorera y cualquier acción que despliegue quien aspira a un cargo de
elección popular, tendrá inevitablemente que referirse al pueblo como sujeto a
interpelar en ese discurso o retórica de que hace gala nuestra clase política.
Volviendo al asunto del anuncio gubernamental de no cobrar más la tenencia
vehicular, no habría de qué sorprenderse por una medida como esa, luego de que
se han prendido “focos rojos” en el partido gobernante en la entidad potosina y
hay que buscar convencer al electorado de que no hay razón (populista) para
eso.
Evidentemente, aunque la
medida es bienvenida, nada garantiza un voto de agradecimiento, pero el
esfuerzo se hace, por lo menos para que no se diga que en el PRI no se reconoce
-y se hace caso- a la “vox populi”, sobre todo cuando hay otros aspirantes a la
candidatura a gobernador, por parte del mismo PRI, que parecen más interesados
en irritar al “pueblo”, como cuando se proponen medidas como las “foto
infracciones”, que ya se aprecian más como de mera recaudación y no para
beneficio de toda la población. (Aquí el problema, más bien, ha sido el pésimo
discurso -populista- para vender una idea en momentos -electorales- y
circunstancias -vialidades deterioradas-
desfavorables, tal vez por eso la reciente salida del vocero del
ayuntamiento capitalino).
Con todo, tal parece que más
vale ser tildado de “populista” que de miserable en el uso de los recursos
públicos. Nuestra cultura política está saturada de ese tipo de apreciaciones
y, sobre todo en época electoral, siempre es de esperarse que la clase política
se muestre obsequiosa y dispendiosa hasta el hartazgo; es parte de la
estrategia de “aceitar la maquinaria electorera”, de ganar o recuperar la
“confianza” en los eventuales votantes. Pero, insistimos, eso no garantiza que
la gente vote con agradecimiento por los bienes y favores recibidos,
precisamente porque también se ha desarrollado una lógica de la acción populista
de parte de la propia población, que puede, incluso, ser contra-producente a
los intereses de quienes pretenden comprar conciencias.
El punto, como todo en la
vida, tiene que ver con equilibrios y el pueblo podrá distinguir, si quiere
(porque este es otro asunto adicional), entre quienes ofrecen hasta “las perlas
de la Virgen” y quienes no son tan pródigos ni para invitar un café. Así las
cosas, hay que ver qué otras medidas de beneficio social para el 2015 se
empiezan a desgranar por estos días, el voto del pueblo lo vale.
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