martes, 12 de agosto de 2014

¿Victoria cultural?

El PAN se ha caracterizado, históricamente, como un partido en el que se apela a un doctrinarismo abstracto para inflamar el discurso redentorista de sus dirigentes. La búsqueda de una “patria ordenada y generosa” ha pasado, entonces, por temas como la “economía humana”, “la brega de eternidad” y otros más que, vueltos retórica político-electoral, devienen frases que pretenden referirse a una condición ideal de las personas en su individualidad, como principio para alcanzar el bien colectivo, el “bien común”. Bajo esta premisa es posible entender, más no justificar, la reciente postura de ese partido con respecto a la aprobación del paquete de reformas en materia energética, que ahora definen y cacarean como una “victoria cultural”.

En efecto, si por cultura pro-panista se entiende, entre otras cosas, la orientación de un gobierno “por empresarios” y “para empresarios”, fincado en el papel preponderante de la iniciativa privada por sobre la gestión del Estado, sobre todo en materia de política económica, habría que conceder que se trata de una victoria cultural… para ellos, en tanto que representantes de la “derecha”. Sin embargo, esa victoria que festinan no puede generalizarse al resto de la sociedad mexicana ya que, culturalmente hablando, más bien se asiste a la derrota del último resquicio de autonomía, aunque relativa, de que gozaba el Estado mexicano como representante de los intereses de la nación, cuando se le podía identificar, incluso, como “el poder de disponer de la economía”, en la célebre frase de don Pablo González Casanova.

Tan engolosinado anda el PAN con su “victoria cultural”, que ya hasta pretende apropiarse de una de las banderas propias de la izquierda, esto es, de la reivindicación del salario como remuneración mínima para proveer a la manutención digna del trabajador y su prole, así como para su reproducción como fuerza de trabajo, por supuesto. Para tal efecto, el PAN promueve una consulta pública sobre la necesidad de incrementar el monto de ese ingreso que, ciertamente, se ha deteriorado gravemente en su poder adquisitivo en los últimos sexenios de gobiernos priístas y… panistas. Curioso, pues, que el partido tradicionalmente ligado al sector patronal, ande ahora promoviendo que se le pregunte al pueblo si considera que se requiere más ingreso para subsistir. Claro que del dicho al hecho… median elecciones.

Por supuesto que los panistas saben que bajo las leyes del mercado, que no son otras que las diversas camisas de fuerza que impone el poder del capital para mantener su tasa de ganancia, no es posible incrementar por decreto el salario real de los trabajadores porque iría contra su propia lógica de acumulación y dominación económica. Ya antes nos hemos referido aquí a un texto célebre de Marx (consignado en el Tomo I de “El Capital”), ese viejo lobo de ídem que sigue siendo indispensable consultar cuando de la descripción del movimiento del capital se trata: “Pero todos los métodos para la producción del plus-valor son, a la vez, métodos de la acumulación, y toda expansión de ésta se convierte, a su vez, en medio para el desarrollo de aquéllos métodos. De esto se sigue que: a medida que se acumula el capital, empeora la situación del obrero, sea cual fuere su remuneración (…) La acumulación de riqueza en un polo es, al propio tiempo, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto, esto es, donde se halla la clase que produce su propio producto como capital…”.

Sea cual fuere su remuneración, el meollo del asunto está en la apropiación del plus-producto del trabajo por un sistema económico de explotación cada vez más salvaje, al extremo de considerar la fuerza laboral como cosa, como mercancía que se puede comprar o vender en ese mercado dizque “libre”, cuyas leyes -como esas de “la oferta y la demanda”, “ley de población”, entre otras- imponen condiciones para que capital y trabajo aparezcan hasta como “equivalentes”, bajo una ficción en la que el salario sería, precisamente, el valor de la fuerza de trabajo, pero que, ya se sabe, sin contemplar el denominado trabajo impago o plus-producto del trabajo que se apropia el capital. Por tanto, eso de consultar a la gente para que diga si conviene incrementar el salario mínimo en su expresión nominal o de mera ficción, no pasa de ser, como diría don Fidel Briano, una “gran mamarrachada”.


Pero bueno, las ocurrencias de panistas que confunden la gimnasia con la magnesia no son nuevas; baste recordar a Chente Fox, el locuaz ex-presidente que hasta se decía de “izquierda” y vendía esa idea como coca-cola a los panistas que quisieran escucharle, como cuando aquí Jorge Lozano también decía que el PAN era ya un partido de izquierda. En fin, si ya “ganaron culturalmente” (lo que eso signifique)… pues que “con su PAN se lo coman”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario