El PAN se ha caracterizado,
históricamente, como un partido en el que se apela a un doctrinarismo abstracto
para inflamar el discurso redentorista de sus dirigentes. La búsqueda de una
“patria ordenada y generosa” ha pasado, entonces, por temas como la “economía
humana”, “la brega de eternidad” y otros más que, vueltos retórica
político-electoral, devienen frases que pretenden referirse a una condición
ideal de las personas en su individualidad, como principio para alcanzar el
bien colectivo, el “bien común”. Bajo esta premisa es posible entender, más no
justificar, la reciente postura de ese partido con respecto a la aprobación del
paquete de reformas en materia energética, que ahora definen y cacarean como
una “victoria cultural”.
En efecto, si por cultura
pro-panista se entiende, entre otras cosas, la orientación de un gobierno “por
empresarios” y “para empresarios”, fincado en el papel preponderante de la
iniciativa privada por sobre la gestión del Estado, sobre todo en materia de
política económica, habría que conceder que se trata de una victoria cultural…
para ellos, en tanto que representantes de la “derecha”. Sin embargo, esa
victoria que festinan no puede generalizarse al resto de la sociedad mexicana
ya que, culturalmente hablando, más bien se asiste a la derrota del último
resquicio de autonomía, aunque relativa, de que gozaba el Estado mexicano como
representante de los intereses de la nación, cuando se le podía identificar,
incluso, como “el poder de disponer de la economía”, en la célebre frase de don
Pablo González Casanova.
Tan engolosinado anda el PAN
con su “victoria cultural”, que ya hasta pretende apropiarse de una de las
banderas propias de la izquierda, esto es, de la reivindicación del salario
como remuneración mínima para proveer a la manutención digna del trabajador y
su prole, así como para su reproducción como fuerza de trabajo, por supuesto.
Para tal efecto, el PAN promueve una consulta pública sobre la necesidad de
incrementar el monto de ese ingreso que, ciertamente, se ha deteriorado
gravemente en su poder adquisitivo en los últimos sexenios de gobiernos
priístas y… panistas. Curioso, pues, que el partido tradicionalmente ligado al
sector patronal, ande ahora promoviendo que se le pregunte al pueblo si
considera que se requiere más ingreso para subsistir. Claro que del dicho al
hecho… median elecciones.
Por supuesto que los
panistas saben que bajo las leyes del mercado, que no son otras que las
diversas camisas de fuerza que impone el poder del capital para mantener su
tasa de ganancia, no es posible incrementar por decreto el salario real de los
trabajadores porque iría contra su propia lógica de acumulación y dominación
económica. Ya antes nos hemos referido aquí a un texto célebre de Marx
(consignado en el Tomo I de “El Capital”), ese viejo lobo de ídem que sigue
siendo indispensable consultar cuando de la descripción del movimiento del
capital se trata: “Pero todos los métodos para la producción del plus-valor
son, a la vez, métodos de la acumulación, y toda expansión de ésta se
convierte, a su vez, en medio para el desarrollo de aquéllos métodos. De esto
se sigue que: a medida que se acumula el capital, empeora la situación del
obrero, sea cual fuere su remuneración (…) La acumulación de riqueza en un polo
es, al propio tiempo, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo,
esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto,
esto es, donde se halla la clase que produce su propio producto como capital…”.
Sea cual fuere su
remuneración, el meollo del asunto está en la apropiación del plus-producto del
trabajo por un sistema económico de explotación cada vez más salvaje, al
extremo de considerar la fuerza laboral como cosa, como mercancía que se puede
comprar o vender en ese mercado dizque “libre”, cuyas leyes -como esas de “la
oferta y la demanda”, “ley de población”, entre otras- imponen condiciones para
que capital y trabajo aparezcan hasta como “equivalentes”, bajo una ficción en
la que el salario sería, precisamente, el valor de la fuerza de trabajo, pero
que, ya se sabe, sin contemplar el denominado trabajo impago o plus-producto
del trabajo que se apropia el capital. Por tanto, eso de consultar a la gente
para que diga si conviene incrementar el salario mínimo en su expresión nominal
o de mera ficción, no pasa de ser, como diría don Fidel Briano, una “gran
mamarrachada”.
Pero bueno, las ocurrencias
de panistas que confunden la gimnasia con la magnesia no son nuevas; baste
recordar a Chente Fox, el locuaz ex-presidente que hasta se decía de
“izquierda” y vendía esa idea como coca-cola a los panistas que quisieran
escucharle, como cuando aquí Jorge Lozano también decía que el PAN era ya un
partido de izquierda. En fin, si ya “ganaron culturalmente” (lo que eso
signifique)… pues que “con su PAN se lo coman”.
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