martes, 24 de marzo de 2015

Si Colosio viviera…

Un aniversario más de la violenta muerte de Luis Donaldo Colosio Murrieta se cumplió este 23 de marzo. Como para documentar el pesimismo respecto de la necesaria regeneración de la vida pública nacional, y en especial de la clase política que se caracterizado por el abuso de prácticas que denigran a las personas, el PRI nacional, a través de su comisión de justicia partidaria, resolvió no expulsar de sus filas al distinguido ex-dirigente de ese partido en el Distrito Federal, el conocido como “rey de la basura”, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.

     Las palabras que se han vuelto severo recordatorio de la condición social mexicana, expresadas por el malogrado político sonorense en aquel discurso del 6 de marzo de 1994, siguen vigentes, como taladrando los oídos de esa clase política que, empero, como sintetizó Carlos Salinas en su momento, no escucha ni ve los reclamos de la gente inconforme. “Veo un México con hambre y sed de justicia”, dijo Colosio en alusión al espejismo de la cacareada modernidad que ofrecía Salinas y que había reventado como burbuja el primero de enero de ese año con el levantamiento indígena en Chiapas.

     Evidentemente, la visión de Colosio estaba más allá de las broncas internas que en el PRI se vivían por el (des)control de la sucesión presidencial. Su reclamo al propio sistema político tenía que ver con lo que se conoce como “justicia social”, como reivindicación de la dignidad de las personas, empezando por revertir su condición de parias, de excluidos por siempre de cualquier posibilidad de progreso material y espiritual. El dedo en la llaga de un sistema político agotado tendría consecuencias graves para la estabilidad del país. El crimen político sentó sus reales y la economía se fue a pique a fines de 1994 (“error de diciembre”, decían).

     Ahora, la dirigencia nacional priista, a propósito del caso Gutiérrez de la Torre, se afana en explicar que es un ejemplo de que “no se actúa por consigna” a la hora de aplicar las normas internas de justicia partidaria. Claro que no se actúa por consigna, faltaba más. A Salinas decían que lo expulsarían por andarle jugando contras a Ernesto Zedillo y por toda la secuela de escándalos en que sumió al PRI, entre ellos la sospecha de que desde su círculo de intereses económico-políticos habría salido la orden para sacrificar a Colosio (recuérdese el vocerío que incriminaba a Salinas cuando se apersonó para una guardia de honor en el recinto… del PRI).

     Gutiérrez de la Torre seguirá siendo rey en su feudo porque el imperio que forjó, al amparo del poder político, resulta indispensable para fortalecer las “fuerzas vivas” (así sea que a veces de pasen de ídem) del PRI en el Distrito Federal y, por eso, hasta la madre de este personaje ha sido puesta en los primeros lugares de las listas de diputados plurinominales del partidazo. Tal parece que el escándalo de la presunta red de prostitución auspiciada por este personaje es cosa menor, bajo el supuesto legaloide de que no hay “imputaciones directas”, sino tan solo “voces anónimas”, o séase, como ahora se dice, el tal Gutiérrez “no está imputado”… al contrario, seguramente feliz.


     Cecilia Soto, ex-candidata presidencial del PT en 1994, dijo recientemente que “si Colosio viviera, reprobaría la conducta de Cuauhtémoc Gutiérrez”, siendo seguida en esa apreciación por otras respetables damas priistas como María de los Ángeles Moreno. Se dice que “el hubiera no existe”, pero es dable imaginar que este país pudo tener otro derrotero si no se hubiese ultimado a Colosio. En todo caso, queda como un legado que debiera ser tenido como ejemplo de conducta su referencia a la “cultura del esfuerzo”, que ahora muchos políticos reivindican como presunta mística que guía la trayectoria de sus vidas, pero pocos honran en el ejercicio del poder, así como la indignación por seguir en un México con hambre y sed de justicia.

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