miércoles, 8 de abril de 2015

Elefante blanco

Puede ser que hasta el momento las campañas político-electorales a la gubernatura potosina no hayan estado plagadas de muchas propuestas ambiciosas, como para generar un gran cambio en el modo en que se ha venido administrando la “cosa pública”. Lo que prevalece son generalidades, abstracciones y lugares comunes que nadie en su sano juicio podría desechar, tales como el combate a la corrupción, la práctica de la austeridad, la mayor transparencia en el ejercicio del gasto, etcétera; sin embargo, empieza a surgir una que otra ocurrencia que no deja de llamar la atención por las implicancias que tendría para, por lo menos, contener el malestar social acumulado por causa de, entre otras cuestiones graves, acciones frívolas en las que luego se regodean los gobernantes.


     Una de esas ocurrencias que pueden ser bienvenidas, en el catálogo de ofertas políticas concretas, es la de proceder a cerrar la “casa de gobierno”, residencia o morada temporal de quien ostenta el cargo de primer mandatario de la entidad potosina, toda vez que, aparte del dispendio que representa su mantenimiento, no deja de ser un privilegio del que no se tiene mayor beneficio para el resto de la sociedad. A mayor abundamiento para justificar el cierre de esa casa, el candidato a gobernador por el partido “Movimiento Ciudadano”, Eugenio Govea, documenta que serían cerca de 30 millones de pesos anuales de ahorro que, lógicamente, podrían tener un destino más apreciado por la población y no la ofensa social que se desprende del lujo de esa mansión.


     Para terminar de cuadrar ese malestar social provocado por un inmueble que no tiene razón de ser, saltan, por una parte, las denuncias de la dirigente del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores de Gobierno del Estado (Sittge), la combativa Francisca Reséndiz Lara, cuando refiere que esa casa es el domicilio particular de un hijo del gobernador Toranzo y que algunas de las habitaciones amuebladas se destinan para que duerman allí tres perritos; en tanto que, por la otra, el actual secretario general de gobierno, Eduardo González Sierra, manifiesta, de plano, desconocer quién o quienes sean las personas que habiten la casa… o séase, en suma, un verdadero galimatías.


     A menos que se siga pensando, desde el poder, que ese gusto por lo superfluo es un lujo que se merece cierta clase política por hacernos el favor de gobernarnos, no parece, pues, que haya más argumentos razonables (que no es lo mismo que racionales), como para que se siga dorando la píldora al respetable con la idea de que esa “chimistreta” se mantenga como un bien público. Todavía más, ya que se trata de una casa que ni siquiera se sabe que sea habitada por la pareja gubernamental, según refiere el funcionario antes mencionado, pues qué esperan para venderla o rifarla, sacarle una lana y aplicarla en “los que menos tienen”, habida cuenta que tal es el manido discurso empleado para decirnos a cada rato que sí le cumplen a la gente.



     En fin, el tema ha sido puesto sobre la mesa y no han faltado más voces que se sumen a esa exigencia que se muestra como de harto sentido común. Deshacerse de “elefantes blancos” es tan racional como evitar que se construyan obras faraónicas, de culto a la personalidad, caprichosas o por simple curiosidad, como el famoso mausoleo en forma de excremento de “Pachito Rex”, el fallido aspirante a gobernar un país equis de América Latina, que parece con-fundir la escatología como “creencia que pretende dar cuenta de las realidades últimas”, y la escatología como “análisis y referencia a los residuos corporales del cuerpo”. Bueno, por lo pronto allí está una propuesta de un candidato a gobernador que, tal vez, no sea objeto de mayor alharaca en el transcurso de las campañas, pero que a estas alturas del partido, tampoco es mera anécdota.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario