martes, 21 de abril de 2015

Galeano: historiar el subdesarrollo


Eduardo Galeano, el gran escritor uruguayo, cronista de los “sin voz”, de los “condenados de la tierra” (como escribiera el también enorme Frantz Fanon), ya no está, físicamente, con nosotros; empero, su obra queda, como trazo inacabable de una realidad nuestra que se resiste a dar paso a un mundo distinto, más digno y feliz para sus habitantes, por eso mismo dibujado como utopía siempre presente de las luchas y resistencias de los más frente a los menos. Historiar el subdesarrollo de nuestros países latinoamericanos, como un cronista de los pueblos sujetos a la barbarie y al despojo de los personeros del gran capital, queda condensado en ese gran libro que constituye uno de sus ensayos más indispensables para comprender la ruta de nuestro siempre postergado progreso: “Las venas abiertas de América Latina”, publicado en 1971, en los albores de una crisis estructural de la tasa de ganancia del capital internacional que, hasta el día de hoy, no parece  tener para cuando parar.


     Se puede estar o no de acuerdo con las premisas de su análisis, acerca de la suerte de “destino manifiesto” que nos ha tocado desempeñar como economías dependientes de los vaivenes del capital trasnacional en los países conocidos como “desarrollados”, asumiendo que “somos subdesarrollados porque somos dependientes”, muy en la línea de lo que tradicionalmente se ha conocido como las teorías o escuelas de “la dependencia”, encabezadas por el no menos famoso teórico brasileño Theotonio Dos Santos. Teorías de la dependencia que han sido cuestionadas por otros enfoques que parten de la premisa que establece, al contrario, que “somos dependientes porque somos subdesarrollados”, abriendo una vía a la superación posible de tal condición de postración, partiendo de la necesidad de reorientar nuestras economías en función de las necesidades del mercado interno, de la reproducción de la vida y no del capital, pugnando porque no sea el crecimiento “hacia fuera”, mejor conocido como “neoliberal”, la panacea en la que descanse el esfuerzo institucional.  


     Pero, de todos modos, el oficio peculiar que hace el maestro Galeano, de historiar desde abajo y desde el interés supremo de la colectividad, todo ese proceso de despojo y depredación de nuestra riqueza material, de la naturaleza y de la humanidad, llevado a cabo por los personeros del gran capital comercial, primero, y por el capital industrial después, se presenta como un gran mosaico descriptivo de la realidad terrible imperante desde antes y desde siempre en la vida de nuestras sociedades en América Latina, quedando a juicio del interesado lector sacar las prescripciones morales de tan aberrante comportamiento de las políticas imperialistas de esos países denominados “desarrollados”, que navegan con la falsa bandera del progreso “para todos”. Políticas como esa que reza: “no hay mejor indio que el indio muerto”, o la descripción que hace Galeano de los indios “pongos” en Bolivia, los empleados en el servicio doméstico y que todavía, en la primera mitad del siglo XX, sus “dueños” ofrecían en alquiler en los diarios de la ciudad de La Paz y, además, eran humillados al considerarlos como simples bestias de carga, todo ello hasta la revolución de 1952 que les devolvió la dignidad. Hoy día, esa nación es gobernada por el indígena Evo Morales, mostrando que el camino liberador es posible de alcanzar puntos de conquista insospechados, porque “no se puede querer el fin sin querer los medios… y quienes niegan la liberación de América Latina reniegan de nuestro único renacimiento posible”.


     Este libro emblemático del maestro Galeano “quiere ofrecer una historia del saqueo y a la vez contar cómo funcionan los mecanismos actuales del despojo, (por eso) aparecen los conquistadores en las carabelas y cerca, los tecnócratas en los jets, Hernán Cortés y los infantes de marina, los corregidores del reino y las misiones del Fondo Monetario Internacional, los dividendos de los traficantes de esclavos y las ganancias de la General Motors (…) También los héroes derrotados y las revoluciones de nuestros días, las infamias y las esperanzas muertas y resurrectas, los sacrificios fecundos”.   


     Más de cuarenta años después, ese objetivo se ha cumplido enormemente y la palabra del maestro sigue como referente indispensable para comprender la realidad de nuestro espacio y nuestro tiempo.
    
       


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