jueves, 1 de octubre de 2015

Infamia de salario mínimo

En verdad que ni la burla perdonan. Nos referimos al anuncio de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), integrada por representantes del sector obrero, empresarial y del gobierno federal, de que a partir del mes de octubre del presente año habrá un salario mínimo general único en todo México y se incrementará en un peso con ochenta y dos centavos, para quedar en setenta pesos con diez centavos diarios. Evidentemente, se trata de una burla porque la CNSM asume que será un “gran beneficio” para la economía de los trabajadores. Para empezar, habría que precisar que la representación obrera en esa instancia es la que responde a los intereses de los típicos líderes sindicales “charros” y, por tanto, no se puede esperar más que sumisión a los intereses que imponga la dupla empresarios-gobierno, en la lógica inherente del sistema de acumulación de capital prevaleciente.


     Luego, habría que recordar que desde hace tiempo se había buscado achicar las diferencias salariales entre las distintas zonas económicas del país, mediante el paso de unas entidades federativas de una zona a otra, como si con esa medida se lograra revertir la caída en el consumo de quienes tenían la desgracia de vivir en zona de menor dinamismo económico. Con la homologación que ahora se decreta, se pretende vender la idea de acotar esa desigualdad, cuando en realidad sucede que se estandariza porque de todos modos el impacto final del “incremento” salarial es francamente nulo para todos los trabajadores por igual. Pero el problema más grave y que sigue siendo la piedra de toque de cualquier anuncio de incremento al mínimo salarial, es el que tiene que ver con su papel de contención en la reproducción social de la fuerza de trabajo… de la vida y no del capital.


     ¿O acaso es razonable considerar que con un peso y ochenta centavos diarios de incremento salarial se puede aspirar a vivir decentemente? ¿Qué se puede adquirir con esa ínfima e infame cantidad de dinero que no sea algo más que un chicle para masticar la rabia que despierta tanto cinismo de las “autoridades” que se llenan la boca, diciendo que así fortalece el poder adquisitivo de la clase trabajadora? Aparte de que se incumple con el espíritu y letra de la Constitución Federal que considera que ese salario debe satisfacer las necesidades esenciales de un trabajador y su familia, tales como vivienda, educación, vestido y alimentación, la realidad es que es imposible lograrlo con ese mínimo ingreso. Aunque se reforme legalmente el concepto y/o se hagan cambios meramente cosmético-técnicos como ese de homologar las zonas económicas, el asunto es de política-económica o economía política.


     Esto significa que la naturaleza de dominación del capital sobre el trabajo, en las modernas sociedades capitalistas, es de tal despotismo y ambición que se apropia del producto del trabajo al grado de volver los procesos de trabajo cada vez más excluyentes y los flujos de capital más especulativos. Una cita clásica de Carlos Marx en su obra “El Capital”, ilustra inmejorablemente este proceso: “Pero todos los métodos para la producción del plus-valor son a la vez métodos de la acumulación, y toda expansión de ésta se convierte, a su vez, en medio para el desarrollo de aquellos métodos. De esto se sigue que a medida que se acumula el capital empeora la situación del obrero, sea cual fuere su remuneración (…) La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo acumulación de miseria en el polo opuesto, esto es, donde se halla la clase que produce su propio producto como capital”.


     En efecto, sea cual fuere la remuneración salarial, el problema esencial es el de la apropiación que del producto del trabajo hace el capital, hasta llegar a considerar la fuerza laboral como simple cosa que se puede comprar o vender, pues tal es la ficción de la relación capital-trabajo que prevalece en un modelo de acumulación “salvaje” como el que tenemos y que los considera equivalentes mediante un precio que se paga como salario, pero generando un polo de riqueza para pocos y otro polo de miseria para muchos. Sea cual fuere la remuneración, el problema es el de una injusta distribución de la riqueza que requiere reorientar el modelo económico que hoy conocemos como capitalista depredador o “neoliberal”, el problema es, más bien, cuando podría ocurrir esto.

    



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