En verdad que ni la burla perdonan. Nos referimos al
anuncio de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), integrada por representantes
del sector obrero, empresarial y del gobierno federal, de que a partir del mes
de octubre del presente año habrá un salario mínimo general único en todo
México y se incrementará en un peso con ochenta y dos centavos, para quedar en
setenta pesos con diez centavos diarios. Evidentemente, se trata de una burla
porque la CNSM asume que será un “gran beneficio” para la economía de los
trabajadores. Para empezar, habría que precisar que la representación obrera en
esa instancia es la que responde a los intereses de los típicos líderes
sindicales “charros” y, por tanto, no se puede esperar más que sumisión a los
intereses que imponga la dupla empresarios-gobierno, en la lógica inherente del
sistema de acumulación de capital prevaleciente.
Luego,
habría que recordar que desde hace tiempo se había buscado achicar las
diferencias salariales entre las distintas zonas económicas del país, mediante
el paso de unas entidades federativas de una zona a otra, como si con esa
medida se lograra revertir la caída en el consumo de quienes tenían la
desgracia de vivir en zona de menor dinamismo económico. Con la homologación
que ahora se decreta, se pretende vender la idea de acotar esa desigualdad,
cuando en realidad sucede que se estandariza porque de todos modos el impacto
final del “incremento” salarial es francamente nulo para todos los trabajadores
por igual. Pero el problema más grave y que sigue siendo la piedra de toque de
cualquier anuncio de incremento al mínimo salarial, es el que tiene que ver con
su papel de contención en la reproducción social de la fuerza de trabajo… de la
vida y no del capital.
¿O acaso es
razonable considerar que con un peso y ochenta centavos diarios de incremento
salarial se puede aspirar a vivir decentemente? ¿Qué se puede adquirir con esa
ínfima e infame cantidad de dinero que no sea algo más que un chicle para
masticar la rabia que despierta tanto cinismo de las “autoridades” que se
llenan la boca, diciendo que así fortalece el poder adquisitivo de la clase
trabajadora? Aparte de que se incumple con el espíritu y letra de la
Constitución Federal que considera que ese salario debe satisfacer las
necesidades esenciales de un trabajador y su familia, tales como vivienda,
educación, vestido y alimentación, la realidad es que es imposible lograrlo con
ese mínimo ingreso. Aunque se reforme legalmente el concepto y/o se hagan
cambios meramente cosmético-técnicos como ese de homologar las zonas
económicas, el asunto es de política-económica o economía política.
Esto
significa que la naturaleza de dominación del capital sobre el trabajo, en las
modernas sociedades capitalistas, es de tal despotismo y ambición que se
apropia del producto del trabajo al grado de volver los procesos de trabajo
cada vez más excluyentes y los flujos de capital más especulativos. Una cita
clásica de Carlos Marx en su obra “El Capital”, ilustra inmejorablemente este
proceso: “Pero todos los métodos para la producción del plus-valor son a la vez
métodos de la acumulación, y toda expansión de ésta se convierte, a su vez, en
medio para el desarrollo de aquellos métodos. De esto se sigue que a medida que
se acumula el capital empeora la situación del obrero, sea cual fuere su
remuneración (…) La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo
acumulación de miseria en el polo opuesto, esto es, donde se halla la clase que
produce su propio producto como capital”.
En efecto,
sea cual fuere la remuneración salarial, el problema esencial es el de la
apropiación que del producto del trabajo hace el capital, hasta llegar a
considerar la fuerza laboral como simple cosa que se puede comprar o vender,
pues tal es la ficción de la relación capital-trabajo que prevalece en un
modelo de acumulación “salvaje” como el que tenemos y que los considera
equivalentes mediante un precio que se paga como salario, pero generando un
polo de riqueza para pocos y otro polo de miseria para muchos. Sea cual fuere
la remuneración, el problema es el de una injusta distribución de la riqueza
que requiere reorientar el modelo económico que hoy conocemos como capitalista
depredador o “neoliberal”, el problema es, más bien, cuando podría ocurrir
esto.
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