Un grupo muy representativo del
panismo potosino, excluido de las decisiones tomadas por quienes han sido
previa y expresamente identificados como el “Círculo Azul” (por parte del
senador Octavio Pedroza y Alejandro Zapata), se han lanzado a la reconquista de
los espacios perdidos. Un desplegado publicado en un medio de comunicación
impreso y circulado ampliamente en las redes sociales, llama a la necesidad de
que la militancia de ese partido analice los resultados político-electorales
alcanzados en el reciente proceso comicial, donde ciertamente el PAN quedó
maltrecho y, sobre todo, confrontado internamente. Esa crisis se presenta
también en el plano nacional, con el examen crítico realizado por cuadros
relevantes de ese partido, como el senador Javier Corral, quien advierte de una
“demolición política y ética” del PAN y convoca a una “rebelión de las bases
panistas” (Revista Proceso, 28 de junio de 2015).
En verdad que hay un problema de unidad en
el PAN y se puede apreciar hasta en las primeras reacciones a ese manifiesto
por parte de algunos miembros del actual comité directivo estatal, como el
vocero Alejandro Flores que no desmiente el contenido de lo planteado en el
documento de marras sino las formas y las firmas, dudando hasta de que puedan
ser todos los que suscriben… o suscriban todos los que sean, de tal suerte que
solamente después de verificar eso se pronunciará, oficialmente, la directiva
partidista (Periódico “Pulso”, 30 de junio de 2015). La realidad política
imperante en el PAN potosino, se consigna en el desplegado, “es clara” y se
manifiesta en cuestiones como “abandono de la educación doctrinaria”,
“conformación de grupos internos concentrados en crear estructuras paralelas,
mediante la afiliación indiscriminada y masiva”, así como “la compra de
voluntades a cambio de prebendas”, entre otras acusaciones graves que demandan
“un movimiento de rescate del partido para convertirlo en un instrumento al
servicio de los mexicanos”.
Evidentemente, la urgencia y pertinencia
de propiciar un debate que conduzca a la reorganización del PAN es más que
necesaria por los magros resultados electorales alcanzados en la entidad
potosina y otros estados del país, pero tiene que ver también con la renovación
cercana de su actual dirigencia nacional, encabezada por Gustavo Madero y que
se ha visto envuelta en una constante crítica por sus posturas
colaboracionistas con el gobierno de Peña Nieto, al extremo de que ya se
vislumbra un intento de imponer, como sea, al diputado federal Ricardo Anaya
como garante de los intereses que mueven a conspicuos panistas como el propio
Anaya, Madero y Rafael Moreno Valle, aspirantes a la candidatura del PAN para
la Presidencia de la República en 2018. Por tanto, como gustan decir algunos
panistas, “lo importante y lo urgente” van mezclados y tan es indispensable
resolver lo uno como lo otro.
En fin, habrá que ver cómo se procesan
estos desencuentros en el PAN, pero es de reconocerse que se trata de un debate
impostergable para un partido que representa a una parte importante del
electorado y que busca reivindicar su referente como partido dotado de una
mística de oposición leal, razonable y anclada en el respeto y la dignidad
ciudadanas. Por lo pronto persisten las desconfianzas entre los grupos internos
y ya se acusa que para la elección del 16 de agosto, cuando se cambie la
dirigencia nacional, se empiezan a cargar los dados, como el hecho denunciado
por Corral de que en la comisión organizadora del proceso interno, que preside
Héctor Larios, tres de los siete integrantes manifestaron su apoyo a Ricardo
Anaya, quien representa, según Corral, los intereses del grupo preponderante
panista que identifica como “el consorcio”, preocupado más por orientar el
camino rumbo a la elección de 2018 que por recuperar la convicción e ideología
perdidas, hoy reducidas al simple lema del “¿a poco no?”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario