miércoles, 1 de julio de 2015

El PAN en el espejo

Un grupo muy representativo del panismo potosino, excluido de las decisiones tomadas por quienes han sido previa y expresamente identificados como el “Círculo Azul” (por parte del senador Octavio Pedroza y Alejandro Zapata), se han lanzado a la reconquista de los espacios perdidos. Un desplegado publicado en un medio de comunicación impreso y circulado ampliamente en las redes sociales, llama a la necesidad de que la militancia de ese partido analice los resultados político-electorales alcanzados en el reciente proceso comicial, donde ciertamente el PAN quedó maltrecho y, sobre todo, confrontado internamente. Esa crisis se presenta también en el plano nacional, con el examen crítico realizado por cuadros relevantes de ese partido, como el senador Javier Corral, quien advierte de una “demolición política y ética” del PAN y convoca a una “rebelión de las bases panistas” (Revista Proceso, 28 de junio de 2015).


     En verdad que hay un problema de unidad en el PAN y se puede apreciar hasta en las primeras reacciones a ese manifiesto por parte de algunos miembros del actual comité directivo estatal, como el vocero Alejandro Flores que no desmiente el contenido de lo planteado en el documento de marras sino las formas y las firmas, dudando hasta de que puedan ser todos los que suscriben… o suscriban todos los que sean, de tal suerte que solamente después de verificar eso se pronunciará, oficialmente, la directiva partidista (Periódico “Pulso”, 30 de junio de 2015). La realidad política imperante en el PAN potosino, se consigna en el desplegado, “es clara” y se manifiesta en cuestiones como “abandono de la educación doctrinaria”, “conformación de grupos internos concentrados en crear estructuras paralelas, mediante la afiliación indiscriminada y masiva”, así como “la compra de voluntades a cambio de prebendas”, entre otras acusaciones graves que demandan “un movimiento de rescate del partido para convertirlo en un instrumento al servicio de los mexicanos”.


     Evidentemente, la urgencia y pertinencia de propiciar un debate que conduzca a la reorganización del PAN es más que necesaria por los magros resultados electorales alcanzados en la entidad potosina y otros estados del país, pero tiene que ver también con la renovación cercana de su actual dirigencia nacional, encabezada por Gustavo Madero y que se ha visto envuelta en una constante crítica por sus posturas colaboracionistas con el gobierno de Peña Nieto, al extremo de que ya se vislumbra un intento de imponer, como sea, al diputado federal Ricardo Anaya como garante de los intereses que mueven a conspicuos panistas como el propio Anaya, Madero y Rafael Moreno Valle, aspirantes a la candidatura del PAN para la Presidencia de la República en 2018. Por tanto, como gustan decir algunos panistas, “lo importante y lo urgente” van mezclados y tan es indispensable resolver lo uno como lo otro.


     En fin, habrá que ver cómo se procesan estos desencuentros en el PAN, pero es de reconocerse que se trata de un debate impostergable para un partido que representa a una parte importante del electorado y que busca reivindicar su referente como partido dotado de una mística de oposición leal, razonable y anclada en el respeto y la dignidad ciudadanas. Por lo pronto persisten las desconfianzas entre los grupos internos y ya se acusa que para la elección del 16 de agosto, cuando se cambie la dirigencia nacional, se empiezan a cargar los dados, como el hecho denunciado por Corral de que en la comisión organizadora del proceso interno, que preside Héctor Larios, tres de los siete integrantes manifestaron su apoyo a Ricardo Anaya, quien representa, según Corral, los intereses del grupo preponderante panista que identifica como “el consorcio”, preocupado más por orientar el camino rumbo a la elección de 2018 que por recuperar la convicción e ideología perdidas, hoy reducidas al simple lema del “¿a poco no?”.

     

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