martes, 14 de octubre de 2014

Vacío de poder

Así ha sido caracterizado el gobierno de Fernando Toranzo por su propio hermano Martín, luego del incidente que denunció, pública y legalmente, relacionado con la presunta extorsión que le hiciera el vocero del gobierno estatal, Roberto Naif, para que no se desatara un “escándalo mediático” por la supuesta “mochada” que, a su vez, obtendría el ahora funcionario federal con licencia por su mediación en la asignación de un contrato a una empresa denominada “Technodren”.

     El escándalo se hizo de todos modos y, más allá del incidente de los dimes y diretes propios de este tipo de “chismarajos” -que, por cierto, dizque podrían ser investigados por la autoridad encargada de “procurar justicia”-, lo que queda de esos lodos es la demoledora calificación del gobierno que le toca encabezar a don Fernando, habida cuenta que, además, se sugiere que se trata de un “triunvirato” el modo en que se distribuye el ejercicio del poder público local, siendo precisamente la parte que le toca al médico Fernando la que no se ejerce como debiera, la del “gobierno formal”.

     Sin embargo, tal parece que esto último no hace gran mella en el ánimo del gobernador formal, porque ese estilo parece ya muy propio de la entidad potosina y se dice que lo mismo ocurre en la presidencia municipal capitalina, donde se rumora que hay tres alcaldes: el que gobierna la zona poniente de la ciudad, otro que gobierna el centro histórico y uno más al que se le hace bolas el engrudo con las obras de la avenida Muñoz. ¿Será?

     Casualmente, en la reciente reunión de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el presidente Enrique Peña Nieto se alarmó y reconoció que en México hay regiones con “vacíos de autoridad” que propician la complicidad de gobernantes y delincuentes, en referencia evidente al caso de los normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero. Por supuesto que no se trata de extrapolar ese discurso de manera arbitraria para aplicarlo al caso potosino, porque además hay que guardar -hasta donde se pueda- las proporciones; sin embargo, no deja de llamar la atención que desde el gobierno federal se acepte que en buena parte del país hay autoridades locales, léase gobernadores y presidentes municipales, que pudieran verse rebasados por otro tipo de poderes fácticos.

     Por tanto, lo que se advierte es que el gobierno federal apretará las tuercas donde haya necesidad, a ver si, por lo pronto, con la llamada de atención basta para que pongan sus barbas a remojar quienes pudieran tratar de ponerse el saco. Más rápidos que un rayo, quienes pareciera que sí tomaron a pie juntillas ese rollo presidencial fueron los panistas de casa y le pusieron el saco al doctor Fernando Toranzo, por lo que ya hasta lo imaginan tras las rejas, una vez que haya concluido su mandato (Pulso, 13 de octubre de 2014).

      Así las cosas, el mentado “vacío de poder” o de “autoridad”, que en estricto sentido no es lo mismo, se refiere, por lo que se ha expuesto en todo este escándalo, a la ausencia de mando por parte del gobernador formal de la entidad potosina, el doctor Fernando Toranzo, dejando que metan manos y pies diversos personajes que han terminado por abollarle el cargo. Por supuesto que se trata de un vacío de autoridad o de mando político en el sentido en el que lo planteaban algunos de los clásicos de la teoría política, como la incapacidad para convertir a los disidentes, inconformes o renegados de su gobierno en participantes, sobre todo si se trata de sus colaboradores cercanos, ya no digamos de los ciudadanos en general, cuyo consentimiento es la fuente primera y última de tal “autoridad”.  

     Pero ya sabemos que para no pocos de los personeros del poder público, la fuente de autoridad ya no deriva del ciudadano que le ha delegado o encomendado ese poder, sino de sí mismo (lo que el filósofo Enrique Dussel denomina como “la corrupción originaria de lo político”), llegando entonces al extremo del ejercicio autoritario del poder, ese que implica dejar de lado el consentimiento de los demás para asumir que sólo -y a solas, o con los incondicionales- mediante la manipulación de otros recursos de dominación, como el de la coerción o la información, es posible legitimarse en el ejercicio de un cargo público. En ese riesgo andamos, como sociedad, cuando se materializa un vacío de autoridad o de poder como el que se ha denunciado que se padece en la entidad potosina.


     Finalmente, si todo esto ocurre apenas cuando se anda alborotando la gallera por la sucesión gubernamental del propio doctor Fernando Toranzo, la pregunta que salta inevitable es: ¿qué más seguirá? No es una pregunta ociosa, en virtud de que, hasta el momento, la autoridad gubernamental cuestionada ha guardado comprensible como prudente silencio; empero, más temprano que tarde tendrá que hacer los deslindes y aclaraciones institucionales del caso, so pena de que pueda cundir el mal ejemplo.  

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