martes, 16 de septiembre de 2014

¿Quo vadis, Octavio?

¿Adónde vas, Octavio? Esa es la pregunta que flota en el ambiente político potosino, luego de que al senador Pedroza le hicieron “manita de puerco” en el PAN y decidió renunciar como aspirante de su partido al gobierno de la entidad potosina. ¿Quién o quienes le torcieron el brazo a Octavio? Según su dicho, tanto el presidente del CEN panista, Gustavo Madero, como el dirigente local, Héctor Mendizábal. La causa: el empecinamiento de sus dirigentes en sostener un método de selección de candidato a gobernador que considera como inequitativo, consistente en realizar encuestas primero y, luego, elección abierta a la militancia -pero no a la ciudadanía en general- entre los mejor posicionados de las mentadas mediciones.


     La molestia de Octavio tiene asidero lógico: después de la quemada de Alejandro Zapata por el reventón de Puerto Vallarta, Pedroza se perfilaba como el aspirante con mayor popularidad reconocida y, por tanto, el que obtendría mejor calificación en la encuesta; sin embargo, sabido es que tiene sus malquerientes en cierto sector duro del PAN y se antojaba como muy previsible que buscarían desbancarlo a la “malagueña” en una elección interna, habida cuenta de que en el PAN se han reproducido las prácticas clientelares que antes cuestionaban del régimen priísta.


     Así las cosas, Octavio leyó bien su paradójica condición de carta fuerte en lo externo, pero harto endeble dentro de su partido, por lo que optó por no hacer el caldo gordo a Madero y Mendizábal que, ahora, se quedan con una mano de opciones que, difícilmente, reconocen conspicuos panistas, podrían ser tenidas como contrapeso real a quien sea que pongan en el PRI, de allí que a César Camacho Quiroz no le corra prisa por que salga ya el candidato priísta, pues le basta con llegar a tiempo a la debacle previa de los adversarios.


     El escenario se va dibujando, entonces, con mayor claridad: un PAN concentrado en recuperar la alcaldía de la capital y, si se puede, rescatar de lo perdido lo que aparezca en el resto de la entidad potosina. Sin embargo, tampoco se puede descartar que ese sector duro del PAN haga de tripas corazón y rectifique en favor de las aspiraciones de Octavio, por lo menos para mandar el mensaje de que no pueden darse el lujo de tropezar dos veces con la misma piedra, recordando que ya antes esa postura necia de las dirigencias les costó la gubernatura, cuando empujaron a Eugenio Govea y sus seguidores para que se fueran del partido. Ahora, aunque Octavio aclare que no se va del PAN, deja a sus dirigentes con medio estoque adentro.


     Sea PAN “aguado”, como señala Jesús Silva Herzog-Márquez (Pulso, 15 de septiembre de 2014), o PAN “duro”, como planteamos aquí, lo cierto es que se trata de un PAN cuyas broncas internas no se digieren tan fácilmente por sus propios militantes y menos por parte del ciudadano de a pie. En efecto, se trata de una crisis de identidad y de liderazgo, como precisa Herzog-Márquez, pero añadiríamos que, también sufre de una crisis que tiene relación con la persistente visión de los grandes problemas nacionales como encadenados a la suerte de una cierta democracia electoral que, por el simple hecho de contar luego con mejores instrumentos para cada ejercicio comicial, daría por descontado alcanzar la felicidad popular.


     De allí que, en lo general, el PAN se ha venido vaciando de militantes, al extremo de que es el partido con menos afiliados en el país, incluso por debajo de algunos que se consideran como “mini-partidos”. Por tanto, aunque en el caso potosino cuenta con un voto duro que le garantiza ser competitivo en bastiones como la capital, sortear la crisis de identidad y de orientación de liderazgos hacia algo distinto a la mera consecución del poder para detentarlo y mantenerse en él como una camarilla, implica para el PAN el reto de mantener una unidad política que hoy, sin duda, se ve resquebrajada por las determinaciones de Zapata y Octavio al declinar a sus aspiraciones a la candidatura a gobernador.


     Para acallar los rumores de que su malestar podría ser tenido como chantaje o medida de presión a los jerarcas de su partido, para que reconsideren el recurso del método propuesto… para favorecer a una camarilla, Octavio ha ratificado que su postura es definitiva y que, además, no se va del PAN. Planteamiento encomiable que, empero, de todos modos implicaría el riesgo de la desmovilización de cuadros y militantes cercanos a Pedroza y, eso, se traduciría en dejar al PAN con un boquete electoral que reduciría ampliamente sus posibilidades de competir con éxito por la gubernatura y, si se apuran, hasta por la alcaldía capitalina.



     Ojalá y que los panistas arreglen sus diferencias porque se requiere de partidos de oposición que, en verdad, estén a la altura de las expectativas de una ciudadanía que ya no sabe para dónde voltear para considerar otras opciones de participación política, además, un PAN “aguado” o “duro” le quita sabor al caldo de las contiendas electorales.

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