miércoles, 9 de septiembre de 2015

La verdad sospechosa

Como sucede con “don García”, personaje central de la obra de Juan Ruiz de Alarcón, las mentiras del ex-procurador Jesús Murillo Karam (en el asunto de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala, Guerrero) han salido a la luz pública, desnudando la naturaleza específica del poder político que prevalece en México. El famoso informe que presentara el mentado Murillo como “la verdad histórica”, hace varios meses, ha resultado, en realidad, un descomunal engaño que, por supuesto, solamente “creyeron” los personeros del Estado mexicano -incluido el propio presidente Peña Nieto-, alarmados por la creciente inconformidad e indignación social que despertó la sospecha fundada en la participación directa de no pocos funcionarios públicos de la más diversa ralea e (in)competencia, en esos lamentables hechos.


Damián Alcázar, el reconocido actor de cine que ha dejado memorables actuaciones en “La ley de Herodes” y “El infierno”, cintas que retratan la cruda realidad mexicana, ha señalado que la última película de esa saga, “La dictadura perfecta”, originalmente se titularía “La verdad sospechosa”, en alusión a la otra faceta de que hace gala el poder político en México y que tiene que ver con la mezcla de negocios con grandes consorcios mediáticos, cuando de manipular la verdad se trata. Sin embargo, en el caso de Ayotzinapa, el impulso político-mediático por tratar de enmascarar la verdad se ha topado con la formidable resistencia de los familiares de los estudiantes desaparecidos y con la presión del escrutinio de la opinión pública a nivel internacional, impidiendo que se concrete una burla social monumental.


Ahora se comprende mejor el sentido de mandar a “descansar”, recientemente, a Murillo Karam, relevándolo de la otra “responsabilidad” pública encomendada por el presidente Peña Nieto como titular de la “Sedatu” (Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano), seguramente en previsión de que lo alcanzara, si no el largo brazo de la ley, por lo menos el índice justiciero de una sociedad agraviada hasta por “la güeva” de que alardeaba este sujeto cuando señalaba que ya estaba “cansado”, precisamente para eludir las preguntas incómodas de la prensa independiente y crítica con su mamotreto de conclusiones del caso Ayotzinapa. Pero el mal ejemplo cunde y… hasta deja escuela. Después del informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), la PGR insiste en la tesis chafa de Murillo.


Uno de los miembros del GIEI, de apellido Torero, ha desmontado esa tesis de la pira humana en el basurero de Cocula, demostrando la imposibilidad de una incineración tan rápida como la señalada en el informe de Murillo. Como se trata de una verdad científica que no comulga con las ruedas de molino oficialistas, al gobierno sólo queda el recurso de aceptar, por lo menos, que se trata de otra versión a confrontar… aunque, tercos que son, insisten en “su verdad”, así sea que el Torero los haya dejado con todo el estoque adentro. Como para tratar de salir del atolladero, el presidente Peña acepta reunirse con los familiares de los estudiantes desaparecidos antes de que se cumpla, el 26 de septiembre, el primer aniversario de los hechos.


En suma, el asunto reviste aristas complejas, por supuesto, pero queda claro que, como decían los clásicos, hay un discurso de la verdad que se manipula convenientemente por parte de la “autoridad”, sobre todo cuando se tiene como la “verdad histórica”, como si la historicidad sólo fuera inmutable e ideológica y no un horizonte abierto a otra(s) posibilidad(es). Por lo pronto, la verdad “oficial”, sostenida con alfileres por el gobierno federal, se ha desnudado como “la verdad sospechosa”, como la versión descabellada que en las prisas por evitar mayor escándalo internacional y erosión de legitimidad, se insiste en mostrar como “lo mejor” que pudo haber realizado un ex-procurador que, ciertamente, cayó más pronto que un cojo.
  




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