miércoles, 20 de mayo de 2015

Crónicas (políticas) marcianas

Lo que faltaba. De por sí anda la crisis de credibilidad en las instituciones políticas a todo lo que da y sus personeros se dan el lujo de atizar el fuego, dicho sea esto como algo más que una simple metáfora. Ahora tocó el turno al consejero presidente del INE (Instituto Nacional Electoral), Lorenzo Córdova, mostrar la cara fea y deleznable de la vida pública mexicana. Un audio, que ya circula ampliamente en las redes sociales, lo exhibe mofándose de los representantes de una comunidad indígena por su modo de hablar, como si se tratara de seres de otro planeta, tal vez “marcianos”, aludiendo a la necesidad de hacer -citando el título de una obra del escritor Ray Bradbury, “Crónicas marcianas”, de 1950- una “crónica” de las vivencias que ha tenido con esos “extraños” sujetos (indígenas, padres de los normalistas desaparecidos en Iguala, entre otros), que lo mismo plantean boicotear las elecciones, que hasta mandar al diablo a todas las instituciones, porque tal parece que ni las que se tienen como “autónomas” pueden ser capaces de estar a la altura de las difíciles y delicadas circunstancias que vive el país.


     Decíamos que va más allá de la simple metáfora eso de que los personeros de las instituciones políticas le añadan gasolina al fuego porque, curiosamente, cuando el consejero presidente del INE refiere como urgente el hacer una crónica “marciana” de sus vivencias con representantes de comunidades indígenas y otros grupos sociales, para no acabar -dice don Lorenzo- “muy divertidos o con el psiquiatra”, parece más cercano a la irónica “distopía” que describe Ray Bradbury en su otra obra célebre “Fahrenheit 451”, donde el personaje central, Montag, es un bombero que se dedica a echarle leña a la hoguera en lugar de apagarla, suministrando como combustible todos los libros que se puedan encontrar, porque se trata de una sociedad en la que “leer libros impide la felicidad” y propicia la desigualdad, hasta que se convence de que está equivocado. Con independencia del alegato esgrimido por Córdova, en el sentido de que se vulneró su vida privada, queda claro que persiste la discriminación hasta en funcionarios “ciudadanos”, así como la nociva práctica del espionaje, desplegado como “normal”, por el Estado.



     Con todo y ese alegato, el consejero presidente del INE no ha procedido a disculparse públicamente y sienta un grave precedente en la conducción de una institución que, decíamos, de por sí ha estado naufragando en su credibilidad, desde que a la clase política gobernante se le ocurrió centralizar la organización de los procesos electorales declarando difunto a un IFE que, mal que bien, ahí la llevaba. Ojalá y que Córdova, como el bombero de Bradbury, rectifique el camino y se convenza de que no se puede echar más leña al fuego, so pena de que seamos los ciudadanos los que vayamos a terminar entre “locos y divertidos” con tantos desfiguros que hace la clase política (entre cuyas filas habría que incluir, ahora, a uno que otro funcionario electoral contagiado por ese vale-madrismo ejemplar). En fin, ya se ha vuelto lugar común que en el medio político nuestro se presenten las más descabelladas ocurrencias de los actores políticos, pero faltaba la cereza en el pastel y ha sido puesta por el árbitro. Y luego se duelen que la sociedad se muestre distante y desconfiada de sus autoridades e instituciones, que no responda al llamado de participar en las elecciones. Pues sí, ¿cómo así?  

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