Fernando Pérez Espinosa, mejor conocido como “Calolo”,
se refiere a la definición de la candidatura a gobernador de San Luis Potosí
por parte del PRI, como “una decisión de ellos”, como espetando que “allá
ellos”, frase coloquial generalmente aceptada para indicar que no se comparte
lo que otros hagan o dejen de hacer. Si esa frase se profiere en el contexto de
un ambiente político favorable a la especulación y la rumorología, además de
aderezarla con un refresquito bebido públicamente en compañía del dirigente de
otro partido, como el licenciado Oscar Vera de Conciencia Popular, que no se
anda por las ramas en busca de opciones que representen sus siglas en la
contienda referida, pues ya puede uno imaginarse que, en efecto, se levante
polvareda entre la clase política, por lo menos.
No puede
negarse que la alharaca que ha desatado el Calolo tiene que ver con el capital
político que ha acumulado en su trayectoria como dirigente estatal del PRI en
su momento y, luego, como aspirante de ese partido al gobierno de la entidad
potosina. Lejos quedó ya la aspiración por disputar la alcaldía capitalina,
toda vez que, después del paso de Victoria y Mario, aparece como una zona de
riesgo para los priistas. En tal contexto, el Calolo no tenía más búsqueda que
la silla estatal pero, “¡lástima Margarito!”, no contaba con que al gobernador
Toranzo difícilmente se le olvidaría el agravio, menor pero al fin agravio, de permitir
que uno de sus camaradas lo destapara tempranamente como uno de los aspirantes
a ese cargo. En ese entonces, la reacción del médico fue desproporcionada pero
marcó el veto del Calolo.
Como en política priista “la forma es fondo”,
según la críptica frase lanzada por Jesús Reyes Heroles, vino después el juego
de la presunta unidad de los once aspirantes al cargo del doctor, pero ya es
del dominio público que la ausencia del Calolo en el acto en que se presentó a
Juan Manuel Carreras, como candidato del CEN del PRI, se tuvo más como
fantasmal amenaza de ruptura que de confirmación plena del acuerdo partidista.
El aderezo que sacó de onda y puso más leña a la hoguera de la especulación
corrió a cargo del propio presidente nacional priista, César Camacho, cuando
sin decir “agua va”, restregó a la militancia: “¿a poco están tristes?”. Al
paso de los días, la molestia que se supone tiene Calolo, de acuerdo con la
lectura entre líneas de las reglas no escritas de la ortodoxa disciplina priista,
es más que manifiesta.
Después del
refresquito con el licenciado Vera, Calolo apareció sonriente con el dirigente
nacional del PRD, Carlos Navarrete, y ni modo que se tratara de seguir con el
periplo para sólo tomar cafecito con dirigentes de partidos que, hasta el
momento, no han definido a sus candidatos a la gubernatura potosina. El rumor
de que Calolo podría ir como candidato del PRD a la gubernatura también ha
crecido en la medida en que a Eugenio
Govea se le ha complicado que lo acepten las bases perredistas locales,
llegando a lo sumo a que lo ubiquen, hasta el momento, como “perfilado”… a
medias. Sin embargo, es previsible que el CEN del PRD asuma la determinación de
sostener a Govea y, entretanto, contribuir a que Calolo amague con irse del PRI
(aunque diga lo contrario) si es que no le ofertan otra candidatura que no
puede ser más que una diputación plurinominal federal.
En fin, los
tiempos de la definición para el PRD se agotan y tendrá que resolverse ya si se
va con melón o con sandía; el asunto es dilucidar si con alguien que viene del
PRI o con alguien que tiene su origen en el PAN es posible encauzar una
propuesta de izquierda que sea interesante y atractiva para un electorado que
hoy se encuentra desencantado por tantos desaciertos de la clase política en
general. No es la primera vez que el PRD compite con candidatos externos, pero
sí en situación de crisis agravada por la salida de figuras con un peso
político indudable, así como por la “vendetta” desplegada en el plano local. En
suma: ¿está echada la suerte de Calolo? Quién sabe, sólo él podrá decir, en
breve, si cruzó el pantano para no voltear atrás.
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