miércoles, 11 de febrero de 2015

Las señales de Calolo

Fernando Pérez Espinosa, mejor conocido como “Calolo”, se refiere a la definición de la candidatura a gobernador de San Luis Potosí por parte del PRI, como “una decisión de ellos”, como espetando que “allá ellos”, frase coloquial generalmente aceptada para indicar que no se comparte lo que otros hagan o dejen de hacer. Si esa frase se profiere en el contexto de un ambiente político favorable a la especulación y la rumorología, además de aderezarla con un refresquito bebido públicamente en compañía del dirigente de otro partido, como el licenciado Oscar Vera de Conciencia Popular, que no se anda por las ramas en busca de opciones que representen sus siglas en la contienda referida, pues ya puede uno imaginarse que, en efecto, se levante polvareda entre la clase política, por lo menos.


     No puede negarse que la alharaca que ha desatado el Calolo tiene que ver con el capital político que ha acumulado en su trayectoria como dirigente estatal del PRI en su momento y, luego, como aspirante de ese partido al gobierno de la entidad potosina. Lejos quedó ya la aspiración por disputar la alcaldía capitalina, toda vez que, después del paso de Victoria y Mario, aparece como una zona de riesgo para los priistas. En tal contexto, el Calolo no tenía más búsqueda que la silla estatal pero, “¡lástima Margarito!”, no contaba con que al gobernador Toranzo difícilmente se le olvidaría el agravio, menor pero al fin agravio, de permitir que uno de sus camaradas lo destapara tempranamente como uno de los aspirantes a ese cargo. En ese entonces, la reacción del médico fue desproporcionada pero marcó el veto del Calolo.


     Como en política priista “la forma es fondo”, según la críptica frase lanzada por Jesús Reyes Heroles, vino después el juego de la presunta unidad de los once aspirantes al cargo del doctor, pero ya es del dominio público que la ausencia del Calolo en el acto en que se presentó a Juan Manuel Carreras, como candidato del CEN del PRI, se tuvo más como fantasmal amenaza de ruptura que de confirmación plena del acuerdo partidista. El aderezo que sacó de onda y puso más leña a la hoguera de la especulación corrió a cargo del propio presidente nacional priista, César Camacho, cuando sin decir “agua va”, restregó a la militancia: “¿a poco están tristes?”. Al paso de los días, la molestia que se supone tiene Calolo, de acuerdo con la lectura entre líneas de las reglas no escritas de la ortodoxa disciplina priista, es más que manifiesta.


     Después del refresquito con el licenciado Vera, Calolo apareció sonriente con el dirigente nacional del PRD, Carlos Navarrete, y ni modo que se tratara de seguir con el periplo para sólo tomar cafecito con dirigentes de partidos que, hasta el momento, no han definido a sus candidatos a la gubernatura potosina. El rumor de que Calolo podría ir como candidato del PRD a la gubernatura también ha crecido en  la medida en que a Eugenio Govea se le ha complicado que lo acepten las bases perredistas locales, llegando a lo sumo a que lo ubiquen, hasta el momento, como “perfilado”… a medias. Sin embargo, es previsible que el CEN del PRD asuma la determinación de sostener a Govea y, entretanto, contribuir a que Calolo amague con irse del PRI (aunque diga lo contrario) si es que no le ofertan otra candidatura que no puede ser más que una diputación plurinominal federal.


     En fin, los tiempos de la definición para el PRD se agotan y tendrá que resolverse ya si se va con melón o con sandía; el asunto es dilucidar si con alguien que viene del PRI o con alguien que tiene su origen en el PAN es posible encauzar una propuesta de izquierda que sea interesante y atractiva para un electorado que hoy se encuentra desencantado por tantos desaciertos de la clase política en general. No es la primera vez que el PRD compite con candidatos externos, pero sí en situación de crisis agravada por la salida de figuras con un peso político indudable, así como por la “vendetta” desplegada en el plano local. En suma: ¿está echada la suerte de Calolo? Quién sabe, sólo él podrá decir, en breve, si cruzó el pantano para no voltear atrás.


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