La sucesión gubernamental potosina está en marcha y la
expectación social por conocer a los “ungidos” de los distintos partidos crece
como la espuma. A falta de mayores luces que orienten el derrotero de las
contiendas internas, lo que prevalece es la especulación del respetable. No
queda más que asirse de los viejos dicterios que, aunque, arbitrarios, de
repente sirven para desvelar lo que insiste en aparecer como oculto, “tapado”,
para ser más precisos en la jerga de la grilla nacional. Uno de esos dicterios
populares es aquel que reza: “por sus obras los conoceréis” y, mal que bien, puede
ser indicio de lo que cada suspirante a una candidatura ofrece como sus canicas
para jugar.
En este
contexto, tiene razón el alcalde capitalino Mario García cuando refiere que no
debiera cuestionarse a su administración únicamente por el problema de los
baches que hay por toda la ciudad, sino que también deberían considerarse otro
tipo de logros alcanzados; sin embargo, para efectos prácticos, que es lo que
importa para definir los alcances de una eventual candidatura a un cargo de
elección popular, ese tipo de remilgos ya resultan irrelevantes. Aunque el
signo de identidad de la actual administración es la persistencia de los baches
-ciertamente herencia de pasadas administraciones a las que les valió un
cacahuate arreglar, en serio, la deficiente infraestructura vial de nuestra
ciudad capital-, en tiempos electorales la memoria social se acomoda luego “a
lo que venga, lo que salga”.
Con su
propia declaración, Mario reconoce que, tal vez injustamente, ya se le ha
etiquetado socialmente con ese lastre -y la verdad es que, también, la actual
administración municipal ha dejado que la percepción ciudadana respecto de ese
asunto se vuelva más negativa: eso de que le crezcan hasta sandías en la
Alameda, es más que emblemático de lo que, en verdad, interesa jugar a don
Mario-; pero seguramente está persuadido de que será otro de los aspirantes de
su partido el que se encargue de resolver esas minucias, si es que logra
retener una alcaldía capitalina que, desde ya, el PAN acaricia como el preciado
coto de poder que nunca debió haber soltado.
Pero, en
todo caso, Mario parece tener buena estrella porque los baches han pasado a
segundo término; lo que ahora cuenta es la carta de presentación que puede
ofrecer en términos electoreros y que no es otra que su logro de remontar más
de 20 puntos de diferencia a Zapata cuando era candidato del PAN a la alcaldía,
y como en política si es posible tropezar dos veces con la misma piedra, pues
ya puede darse el lujo de alardear que otra vez podría ganar, si es que
Alejandro resulta el ungido por el PAN. Como puede verse, cuando se dice de la
clase política que “por sus obras los conoceréis”, el sentido de ese dictum
popular no necesariamente tiene que ver con lo que comúnmente se conoce como
“obra pública”.
Hay otros
suspirantes que ni siquiera se pueden dar el lujo de presumir que han realizado
“obras” que les permitan cacarear algo. Simplemente se ofrecen como “la obra en
sí”, hasta como políticos “hechos a mano” y “a la medida de las necesidades que
demanda la gente”. Podríamos pasar revista a la trayectoria y “propuesta” de
algunos de esos aspirantes que andan, igualmente, acelerados en busca de la
bendición de quienes se asumen, a su vez, como los “grandes electores”, léase
las élites partidarias. Sin embargo, lo que interesa destacar es la paradójica
circunstancia que envuelve a quienes se menciona como los personajes que
podrían ser nominados como candidatos de sus partidos a cargos de elección
popular, advirtiendo que las “obras” por las que pudiera conocerse el alcance
de su pretensión, no son las que vemos, sino las que imaginamos, la obra
política pues.
El caso de
Mario se muestra como un claro ejemplo de que, en política, en efecto, sobre
todo electorera, lo que interesa no es de dónde vienes, sino como y a dónde
vas. Pero igual ocurre con los demás que se mencionan, sobre todo en un PRI
que, ahora, presume tener harta tela de dónde cortar, así sea que se trate,
como se dice por allí, de personajes cortados por la misma tijera de un sistema
que no permite que alguien se salga antes del huacal. Allí está, nomás como
anécdota ya, el desliz que costó al “Calolo” Fernando Pérez que el “gober” Toranzo
lo defenestrara, cuando el médico aún
podía presumir de ser el primer priísta de la entidad; el “Calolo” siguió
picando piedra y allí está, también, perfilado en la recta final. La
conclusión, preliminar, como todas las conclusiones en la política nuestra, es
que no hay nada escrito porque las “reglas” son maleables de acuerdo a las
circunstancias de modo, tiempo, lugar y hasta de carácter personal que rodean a
los involucrados en una definición como la que está por darse a conocer, en
unos días más, al interior del PRI. La suerte está echada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario